miente.


Para leer en un mototaxi.
mayo 11, 2009, 5:43 am
Filed under: relato.

Reverendo Yo.

Recuerdo el día en que conocí al Reverendo Daniel Beteta. Coloqué en Google mi nombre y aparecí  de cincuenta años con un bigote profundo y abrazando a una mujer que no conocía (o que había olvidado). Ese mismo día le escribí a mi yo creyente guatemalteco. Tienes mi nombre, le dije. Él contestó, “¡Que afortunado eres al llamarte Daniel Beteta!” Emocionadísimo él, así continuó: “Espero conocerte, puedes conocerme buscando Latinos Unidos en Cristo. Bendiciones. Daniel Beteta” Pese a lo extraño, continuamos  escribiéndonos.  Le conté sobre una provincia que lleva nuestro apellido al sudeste de Madrid, la Cuenca de Beteta. Y le pedí que hablara más de él y contestó: “Querido Daniel Beteta, sabe, no soy sacerdote católico, soy ministro Presbiteriano. Tengo una linda esposa desde hace ya 36 y también 4 lindos hijos.  El primero se llama Daniel Beteta y tiene un hijo más chico que se llama igual: Daniel Beteta.“ ¿Vieron mi cara? No sé si este sacerdote me estaba tomando el pelo o si había creado una legión con mi nombre. Sigue: “Hay otro Daniel Beteta Calvillo en Guatemala que es un sobrino mío. “ Desde ese día no supe nada más de él, salvo que sigue vivo nombrando a su descendencia con mi nombre.

Post. Mortem. Ribeyro.

“Le envío este texto pues supongo que pocos pueden leer lo que va a decirse sobre ellos después de muertos.” De esta forma, dictaba la última línea de una carta que le escribió Alonso Cueto a Julio Ramón Ribeyro. En el paquete se adjuntaba un artículo que elogiaba la obra del escritor. A consecuencia de un desliz de la verdad (o de la mentira), Cueto escribió aquél artículo inundado de pena y lo envió apresuradamente a la revista Debate en Lima.En la ciudad, fue rechazada debido a la verdad minusválida que asumía. Posteriormente de que el elogio fúnebre fue rechazado, Cueto lo envió a su –aún vivo destinatario- adjuntándole la carta que cité con algunas explicaciones que incendiaría cualquier misterio. Este desvarío, podría ser la base para uno de esos cuentos de la cara lunar de la moneda narrativa de Ribeyro, aquella que gusta jugar al sapo con las ostias. Y bueno, así fue como Cueto conoció a Ribeyro el día en que ambos comentaron su muerte.

ribeyro nuevo